La estaca golpeó antes

A las 9:39 el viento llegó para cobrarse otra deuda con la utopía. Por el ventanuco de la celda se coló el último aliento de Siset para despedir al joven de las manos despellejadas. Tanto tiempo intentando quebrar la estaca, golpeándola a ambos lados, y ahora, carcomida y rabiosa, se había vendido como respaldo de su muerte.
En ese momento, con los ojos vendados y escuchando la impaciente respiración de sus verdugos, se acordó de aquel portal, de los carros atravesando la calle y de la madrugada en la que el abuelo Siset le enseñó a decir "No".
A las 9:40, cuando el peso de 35 años de opresión le reventó el cuello, 'Salva' no pensó en las manifestaciones, ni en los grises, ni en la libertad, ni en la lucha obrera... sólo cerró los ojos y se alejó viendo a sus hermanas abrazadas junto a la puerta de la cárcel modelo de Barcelona.



